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jueves, agosto 19, 2010

La fábula de los hombres ciegos y el elefante.


Se hallaba el Buda en el bosque de Jeta cuando llegaron un buen número de ascetas de diferentes escuelas metafísicas y tendencias filosóficas.
En aquel momento discutían entre ellos acerca de sus libros santos y se había formado una disputa que no conseguían resolver. Llegando a reñir y enemistar unos con otros, diciéndose mutuamente: ''Esto que sabemos es ley; lo que sabéis vosotros, ¿cómo puede ser la ley? Lo que nosotros sabemos está de acuerdo con la doctrina; lo que vosotros sabéis ¿cómo puede estar de acuerdo con la doctrina? Lo que debe decirse después, vosotros lo decís antes. Vuestra ciencia es vana y no tenéis el menor conocimiento''. Era así como repartían los golpes con el arma de la lengua y, por un golpe recibido devolvían tres...(Polémica, polémica y más polémica, suena ¿No?)
Todo ello fue oído por un grupo de monjes del Buda, que relataron luego el incidente al maestro y le pidieron aclaración. El Buda les pidió que se sentaran tranquilamente a su lado, y habló así:
–Monjes, esos disidentes son ciegos que no ven, que desconocen tanto la verdad como la no verdad, tanto lo real como lo no real. Ignorantes, polemizan y se enzarzan como me habéis relatado. Ahora os contaré un suceso de los tiempos antiguos. Había un maharajá que mandó reunir a todos los ciegos que había en Sabathi y pidió que los pusieran ante un elefante y que contasen, al ir tocando al elefante, qué les parecía.
El primer hombre ciego alargó sus manos frente a él y tocó el inmenso lado del animal. “Este elefante es como una pared alta y fuerte,” dijo el ciego.
El segundo hombre, quien estaba parado cerca de la cabeza del elefante, puso sus manos en uno de los largos y filudos colmillos. “¿Una pared? ¡No! Yo diría que es más como una lanza.”
El tercer hombre abrazó una de las patas del elefante con ambos brazos. “No quisiera contradecirlos,” dijo, “pero estoy seguro que el elefante es como un árbol.”
El cuarto hombre por casualidad tocó la oreja del elefante. “Todos ustedes están equivocados,” dijo él. “El elefante es en realidad muy parecido a un abanico.”
El quinto hombre estaba parado él solo por el otro extremo del elefante. Y por casualidad cogió la cola del animal. “Yo no entiendo esta confusión,” dijo él. “Estoy seguramente correcto al decir que el elefante es como una soga.”Bueno, este elefante era un poco juguetón, así que le hizo cosquillas al sexto hombre con su trompa. El hombre, asustado, apartó lejos de si la trompa, y dijo temblando, “¡Por favor manténganse en calma pero les juro que el elefante es en realidad una culebra muy grande!”
“¡Tonterías!” dijeron los otros. Aún así, todos se fueron alejando calladamente, y nunca hicieron el esfuerzo de pensar en conjunto lo que verdaderamente es un elefante.
El Buda hizo una pausa y rompió el silencio para concluir:
–Monjes, así son esos ascetas: ciegos, desconocedores de la verdad, que, sin embargo, sostienen sus creencias.

La visión parcial entraña más desconocimiento que conocimiento.
(Tomado de “Cuentos Clásicos de la India” )


El fomento de la comunicación y ser capaz de escuchar sin caer en la descalificación,es al parecer hoy día un auténtico arte que muy pocos dominan.
No caer en la tentación de posicionarnos y apoltronarnos en nuestras perspectivas de la realidad, al disponer exclusivamente de la información que nuestras experiencias nos han dado, o por ende la falta de ellas.Y consecuentemente validar la información que los medios nos facilitan como única y verdadera nos llevará irremediablemente a posicionarnos cual ciegos ante un elefante.
Lamentablemente el negro y el blanco son colores excepcionales en nuestros días y lo que mayoritariamente predomina es el gris. Como se suele decir, las cosas no son nunca ni blancas ni negras, y no podemos obviar que no disponer de toda la información nos sesga irremediablemente en nuestras percepciones.
El respeto y la tolerancia se hacen hoy día más imprescindibles si cabe a la hora de valorar y juzgar .Esa tendencia al posicionamiento bajo un efecto centrífugo que no centrípeto nos aliena como personas objetivas y razonables y nos conduce a menudo incluso a las descalificaciones personales.
LA COMUNICACIÓN en mayúsculas, y la EMPATIA son ese bien máximo a alcanzar ,si no queremos caer en el egocentrismo como definición del individuo en nuestra sociedad, en pro de alcanzar el sociocentrismo identitario.

http://www.youtube.com/watch?v=YLI5W-tvPys

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